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Unión Nacional de Periodistas Somalíes (NUSOJ), Informar en la anarquía

Publicado el 7 de diciembre de 2005

Desde 1991 y la caída del dictador Siyad Barre, Somalia se encuentra desgarrada por una guerra civil permanente, y bajo el control de facciones armadas rivales. Tras el hundimiento del Estado, la justicia islámica y los empresarios funcionan con mecanismos de clan, paliando las carencias.

En medio de ese caos, algunos periodistas siguen trabajando, gracias a radios privadas o sitios de Internet, manteniendo unida la nación mediante la utilización de una legua común y el relato diario de la vida de la población.

Para defenderse, en 2002 fundaron en Mogadiscio la NUSOJ, sindicato de los periodistas somalíes, compuesto por un comité ejecutivo elegido democráticamente. Tiene como objetivo la defensa de los periodistas y la libertad de prensa en el conjunto del país, incluidas las provincias secesionistas. Desde su fundación, la NUSOJ ha intervenido en varias decenas de casos urgentes, efectuando investigaciones y difundiendo alertas destinadas a los medios de comunicación y a las organizaciones internacionales, escribiendo informes de investigación sobre las condiciones de trabajo, en un territorio dirigido por los jefes de la guerra. La NUSOJ también se ha convertido en el enlace de Reporteros sin Fronteras con los medios de comunicación somalíes, y aporta ayuda económica a las familias de los periodistas asesinados.

A principios de septiembre de 2005, Omar Faruk Osman y Mohamed Barre Haji, respectivamente secretario general y presidente del Consejo Supremo de la NUSOJ, abandonaron discretamente Somalia, tras haber sufrido una campaña de intimidaciones y amenazas de parte de una milicia no identificada. En la semana del 22 al 28 de agosto de 2005 ambos recibieron llamadas anónimas en las líneas de la NUSOJ, o en sus teléfonos móviles personales, asegurando que les iban a matar « inmediatamente » o « en 48 horas ». « No sabemos quienes son estas milicias ni qué quieren », declaraba entonces Omar Faruk Osman a Reporteros sin Fronteras. « Este país no obedece a más ley que la del fusil. En consecuencia, hemos aumentado las medidas de protección. Las intimidaciones no nos impedirán trabajar ». Pocos días después, los dos tuvieron que abandonar su país natal, sin saber si podrán regresar.

Bajo la ley de los señores de la guerra

Nación sin Estado, ensamblaje de territorios dirigidos por algunos señores de la guerra que se visten con el traje de diputados o empresarios, Somalia es un océano de anarquía desde hace ya quince años. En estas condiciones, los medios de comunicación privados, en un país mayoritariamente pobre y analfabeto, son a veces juguetes en manos de los poderosos : palizas, intimidaciones y detenciones se han sucedido este año también, desde Puntland (Noreste) hasta Mogadiscio (Sudeste). Quienes dan las órdenes son la mayoría de las veces esos famosos « warlords » , que reinan sin resquicio en el país. Incluso, aunque a finales de 2004 se creó sen Nairobi una administración gubernamental de transición, bajo supervisión internacional, la libertad de prensa en Somalia es una débil chispa, frecuentemente maltratada.

En este año abatieron fríamente a dos periodistas. Dos mujeres. El 9 de febrero, Kate Peyton, de 39 años, enviada especial de la British Broadcasting Corporation (BBC), resultó mortalmente herida cuando unos desconocidos le dispararon un tiro de pistola en la espalda, mientras entraba en un hotel de Mogadiscio, para entrevistar al presidente del Parlamento de transición, Sharif Hassan Sheikh Aden. Parece que fue víctima de una lucha de influencias entre los señores de la guerra de la ciudad. Cinco meses más tarde, en la mañana del 5 de junio, Duniya Muhiyadin Nur, de 26 años y periodista de la radio HornAfrik, fue abatida en un control cuando su automóvil resultó alcanzado por una ráfaga de ametralladora, disparada por un miliciano nervioso. En ambos casos, los asesinos continúan en libertad. ¿Por qué no iban a estarlo ? Son los obedientes soldados de algún barón local.

En nombre del clan, del subclán, de intereses económicos o de sus ambiciones nacionales, los señores de la guerra, encabezando pequeños ejércitos equipados con furgonetas y a veces con viejos tanques, no soportan la crítica. En Jowhar, en la provincia de Middle Shabelle, el periodista Abdiqani Sheik Mohamed padeció más de cuatro meses de destierro, entre finales de septiembre de 2004 y principios de febrero de 2005. Vivió en Mogadiscio, acogido en la NUSOJ, después de sufrir la brutalidad de los milicianos del hombre que es el amo de la provincia, Mohamed Omar Habib, apodado « Mohamed Dhere ». El periodista había hecho un reportaje explicando que los ancianos de la comunidad habían pedido a los responsables de una mezquita de la ciudad que dimitieran, para dar paso a una nueva dirección que contara con su visto bueno, y el de las autoridades locales.

Unos días u horas en el calabozo, seguidos normalmente de un tiempo de destierro fuera de la ciudad ; al menos cuatro periodistas han pagado así los caprichos de Mohamed Dhere, quien sin embargo es el hombre de confianza del nuevo Primer Ministro, hasta el punto de que la administración de transición ha decidido instalarse en su ciudad de Jowhar. Dicen que las condiciones de seguridad en Mogadiscio no son satisfactorias para el Presidente y su heteróclito gobierno.

En las regiones secesionistas de Somaliland y Puntland, las administraciones civiles locales no dudan en inventar toda suerte de procedimientos, que tienen el único objetivo de acallar las críticas. El 1 de septiembre de 2004, por décimo quinta vez en una década, el redactor jefe del diario independiente Somaliland Jamhuuriya, Hassan Said Yusuf, fue detenido en su oficina de la capital, Hargeisa. Pagó con 48 horas de detención el hecho de haber contado la inquietud de la comunidad internacional ante la negativa de Somaliland de participar en el proceso de reconciliación nacional. En Puntland, feudo del presidente del gobierno de transición, Abdullahi Yusuf Ahmed, el redactor jefe de la radio STN, Awale Jama Salad, vive hoy en la clandestinidad tras haber sido detenido varias veces, y amenazado por los servicios de seguridad. Durante el verano de 2005, a fuerza de añagazas judiciales y repetidas detenciones, la administración local alcanzó un objetivo largamente perseguido : silenciar al semanario Shacab, cuyo único error fue criticarla.

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Publicado el 16 de noviembre de 2009

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